sábado, 12 de noviembre de 2011

POP ROCK URUGUAYO.

Reciente descubrimiento entre trascedentales charlas con un buen músico y mejor artista.
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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Actitud

La actitud no se entrena, hay que tenerla. Es la virtud más importante de un deportista, más que un objetivo tiene que ser una constante. Con actitud se derriban todas las murallas, se derrotan todos los defectos. Con actitud no se ganan partidos, se gana batallas, se consiguen títulos. Unas veces el título es un ascenso, otras mejorar lo físico y otras hacer vestuario. Sin actitud no se logra ni salir al campo.
El entrenador tiene que conseguir que sus jugadores no pregunten con quién juegas, que no se preocupen por el rival, simplemente que pregunten donde está la otra portería.
El rival más duro con el que te vas a encontrar al salir a competir eres tú mismo. Tus miedos, prejuicios e inseguridades son la batalla más grande. Tres conceptos que hay que conocer para dos cosas: en primer lugar asimilarlos para esconderlos y en segundo lugar para mejorar y derrotarlos.
Llevamos casi dos meses de competición y nos hemos encontrado con una terrible plaga de lesiones y sanciones que nos han dejado sin jugadores para completar las convocatorias de 16 en las últimas semanas. Cuatro semanas seguidas con 12, 13 y 11 futbolistas, algunos con pequeñas lesiones que necesitarían descanso y que no han podido entrenar con el resto y por lo tanto en bajas condiciones físicas.
A lo largo de la liga existen partido cruciales, importantes, de transición y otros que son los partidos de inflexión como me gusta llamarlos, esos que se presentan cada cierto tiempo y que van a marcar un antes y un después en la competición. 
El primero de esos fue hace dos semanas. Partido contra Pedroche. Los once titulares, portero suplente y Paco Gala en el banquillo. Tercer partido en casa sin haber ganado aún como locales. Un rival incómodo al que le sigue una trupe de aficionados que llenan las gradas provocando una extraña sensación que te hace pensar que juegas fuera. La victoria obligada para nosotros, sin excusas.
En la charla prepartido sólo les pude decir que en los momentos difíciles son en los que se demuestra la grandeza de un equipo, y si eramos grandes éste era el mejor momento para demostrárnoslo. 
En el minuto 10 de la primera parte, con un balón cercano a la banda  y tras intentar un despeje, Sebi Bustamante cae al suelo gritando y pidiendo ayuda. No había rival cerca, un terrile giro de su rodilla izquierda le provoca una lesión que lo va a retirar del fútbol. Se le salió la rótula. Del albero al hospital.
En su lugar sale Paco Gala que tenía por primera vez en mucho tiempo una oportunidad, se la merecía, muchos minutos por delante en un partido importante. 
Cinco minutos después, en el circulo central al girar sobre sí mismo para empezar el ataque se lesiona. Con los tacos clavados en la tierra el giro le provoca en la rodilla lo que en un primcipio parecía un esguince. Cae al suelo, mira la banquillo y pide asistencia. No podía seguir, y para sustituirle sólo el portero suplente. Continúa el juego mientras se prepara el cambio y justo antes, otro jugador, Antono Perea, mediocentro, sufre la misma lesión que Paco, en el mismo lugar y con las mismas consecuencias. No llevábamos ni 25 minutos de juego.
Paco se acerca al banquillo me pide que le vende la rodilla y que no lo cambie aún porque es posible que su compañero esté peor. Le colocamos una venda y, considerablemente cojo y mucho dolor vuelve a su sitio.
Pasan los minutos y, cuando me dispongo a hacer el cambio, sacamos un corner. Paco a la pata coja engancha un balón dentro del área, lo rompe con la derecha, volviendo a girar sobre su pierna lesionada y mete el balón en la red. Los dos acaban la primera mitad.
En el vestuario decidimos inmovilizar la rodilla de Antonio Perea y aguantar a Paco cinco minutos, éste me pedía dolorido que no lo cambiara. No podía ni levantarse solo de su silla. 
Cuando todos veían lo que estaba haciendo Paco y cómo tenía la rodilla Antonio, la forma en la que todos comprobaban cómo los dos estaban dispuestos a jugarse las piernas y cómo Sebi se había retirado, sabía que no perderíamos. No tuve que decir nada, sólo que pensaran un poco en lo que tres compañeros se había y se estaban jugando.
A los cinco minutos entró el portero suplente, Josete, sustituyendo a Paco como delantero. Antonio Perea aguantó toda la segunda parte cojo, casi sin poder andar, sobre la tierra. Paco sufre una distensión del ligamento cruzado anterior y Antonio Perea tiene una rotura parcial del ligamento lateral interno. 
Nos dieron una lección como deportistas, como compañeros, que no olvidaré jamás. Ahora les debemos nuestro mayor esfuerzo y esperar que se recuperen pronto.
Ese día empezamos a ganar una liga muy especial que no tiene título ni ascensos, ese día todos aprendimos que lo más importante de todo esto no se gana con goles.
Sebi no volverá a jugar al fútbol, tiene meos de 25 años; a Antonio Perea le esperan dos o tres meses de reposo y rahabilitación y Paco acelera para estar disponible lo antes posiblo.
Cuando éste último se acercó al banquillo tras sufrir la lesión sólo me pidió una cosa: MINUTOS. 
Ganamos 3-2.
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Pd: A Sebi, uno de los jugadores con más talento que ha dado esta comarca y al que le prometo dedicación absoluta en nuestro equipo. 
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DESCUBRIMENTOS y REDESCUBRIMIENTOS ...


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lunes, 31 de octubre de 2011

Las dificultades, la solución siempre en el vestuario

Una temporada es algo más que un año de competición. El torneo, entre 34 y 38 partidos que traducidos a tiempo son algo más de 3000 minutos. La temporada, más de 300 días para un entrenador.
Todo comienza con la primera llamada de los directivos y termina con el pitido final del último encuentro. La primera se produce a finales de junio y el último a finales de mayo.
Casi un año al completo, 24 horas al día de organización, planificación, entrenamientos, conversaciones, llamadas, partidos, viajes ... y cuando no, la famosa soledad del entrenador, lo más difícil y al mismo tiempo la más importante, bonita: las decisiones.
Un entrenador es un gestor de recursos humanos, seguramente lo más difícil de gestionar en esta vida. Por eso, en éstas categorías en las que sólo se juega y participa por hobbie la psicología y la dirección de equipos es el aspecto que más tiempo te ocupa. 
Todos los jugadores se creen fundamentales, todos se ven en el once inicial y todos absolutamente todos se ven como el mejor en su puesto dentro de la plantilla; y es ahí donde tienes que fajarte. Tienes que hacer que esa creencia sea un sentimiento, no que se crean fundamenales e indispensables en su puesto, no; tienes que hacer que se "sientan" importantes dentro del grupo, y tienes que hacer que ese sentimiento se renueve día a día, semana a semana, minuto a minuto. Eso requiere un esfuerzo mental titánico.
Jugar a ser psicólogo en un grupo tan heterogéneo y tan cambiante y tan rápido requiere de unos reflejos mentales y tener una cantidad de recursos enorme. Ni siquiera la experiencia te asegura el éxito aquí, no hay fórmulas para ello, no existen; tendría que haber una para cada futbolista. 
A eso tienes que sumarle un componente esencial; y es que, probablemente, el equipo es el lugar en el que más tiempo pasas a lo largo del año. Tus jugadores, compañeros, son las personas con las que más tiempo vas pasar durante unos meses, el vestuario tu segunda casa y la cancha el espacio en el que te conviertes en un villano o en un héroe.
Ahí es donde radica la importancia del vestuario entendido no como un espacio físico, sino como el grupo formado por los jugadores, entrenador y ayudantes (si los tienes). Ese ente debe ser el yunque en el que forjar los éxitos y en el que asumir las derrotas, el paraíso en el que disfrutar o el muro sobre el que aguantar los envites de la competición.
Desde que entré por primera vez en un vestuario tuve claro que todos los que sientan allí van a darlo todo por sus compañeros. Se van jugar las piernas por ti y los demás, te van a defender aun cuando no lleves razón, se van a alegrar contigo, van a ser tus confidentes creando un halo de lealtad alrededor de la figura del equipo y el escudo difícilmente entendible en cualquier otro ámbito de la vida. Por eso hay que cuidarlo, por eso las decisiones que haya que tomar al respecto de ese ambiente son las más complicadas, las más duras, las más bonitas, las más crueles, las más justas...
Puertas a dentro puede pasar cualquier cosa, lo que sea. Lo importante es que cuando se abran, se salga con un discurso común, con decisiones claras, sin fisuras, aunque a veces no te guste lo que se decida dentro, unidos y cohesionados. Escuchar lo que se dice dentro, analizarlo, debatirlo si es el caso, compartirlo si lo crees oportuno, asumir toda la responsabilidad y decidir. 
Mi punto de vista es que, el entrenador,  tiene que ser la primera cara que se vea fuera para todo, la que está puesta en primer lugar cuando estamos fuera, asumiendo los palos, las derrotas y las críticas; y retirarte un poco cuando lo que llegan son victorias; ofrecerlas al resto y enseñarlas como éxitos de tus jugadores y ayudantes.
Lo que tengas que hacer, más aún si es algo desagradable para alguien, se hace dentro y no sale fuera. La ropa sucia se lava en casa y tú eres el que recoge y pone la lavadora. Los jugadores se manchan contigo dentro, pero fuera sale todo el mundo limpio y preparado como un tanque para entrenar, competir, atender a los medios o incluso hablarlo en casa. 
Respeto, humildad y trabajo. Las tres patas de un banco que tiene que sustentar la relación de un grupo heterogéneo de gente que van a pasar juntos más tiempo que con sus novias, familiares, amigos y vecinos. El trabajo se hace día a día, la humildad se practica minuto a minuto y el respeto es el cemento que lo une todo
Tienes que ser el más trabajador, el más humilde, y ganarte el respeto a base de hablar, debatir, convencer con argumentos, escuchar, y decidir... aún sabiendo que te equivocas. La imposición no le sirve salvo al que no sabe hacer otra cosa  que gritar, así como la leña sólo le sirve al jugador que no sabe tratar bien la pelota.
Todas las dificultades, en grupo, se digieren y superar mejor. Y el grupo en esto de la pelota, el albero o el césped se llama vestuario.
Dice Don Vicente del Bosque. "La disciplina, ni dura ni permisiva, hay que mantenerla pero nunca imponerla"
Beethoven compuso su 9ª sinfonía estando ya sordo, y dirigió él mismo a la orquesta el día que la presentaba al mundo. A veces creo que es más difícil entrenar a un equipo de fútbol... por eso me encanta.
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